“En la oscuridad puedo colgar en las paredes de mi mente lienzos de colores, en la soledad puedo ver quién soy bajo la piel"
Beatriz y los cuerpos celestes

martes, 31 de diciembre de 2013

Lo mejor del 2013

2013 ha sido un año muy importante para mi a todos los niveles. He aprendido y, sobre todo, vivido tanto, que sería difícil olvidarlo.Y digo vivir, porque ha sido a partir de este año cuando se me ha permitido experimentar infinidad de sensaciones que antes estaban vetadas para mi. Solamente por eso tengo que estarle infinitamente agradecida.

Ha sido el año de los extremos, de los momentos inmensamente felices y de los tristes a más no poder. De la experimentación, las confidencias, el descubrimiento, la entrada a la vida adulta. El año en el que he conocido a personas que han pasado a formar parte de mi vida, y en el que me he tenido que despedirme de otras tantas que ya no debían pertenecer a mi día a día. Lo mejor es que todas esas personas, las que se fueron y las que se quedaron, me han aportado siempre algo único que, de alguna manera o de otra, se quedará en mi.



2013 me ha traido salud. Bueno, hablar de salud refiriéndome a mí misma es toda una proeza, porque soy bastante delicada. Pero, pese a mis habituales achaques -que, por desgracia, los tengo- he estado bien. Me he apuntado de una bendita vez al gimnasio, y aunque últimamente voy menos entre unas cosas y otras, estoy contenta de hacer deporte, una asignatura que tenía muy pendiente.

Me ha traido dinero. Bueno, regulín. Más bien lo he buscado yo misma empezando a trabajar como profesora particular. La experiencia no está siendo del todo gratificante, pero me está enseñando a ser más paciente y comprensiva, a valorar el esfuerzo que supone conseguir algo por tus propios medios y a tener una perspectiva diferente de la realidad. Y, sobre todo, a sobrevivir diariamente con los eurillos que me gano. Pero la crisis azota a demasiadas familias, y la mía no es una excepción. Toca apretarse el cinturón cada día...

Pero, sobre todo, me ha traido amor, mucho amor, que yo creo que es de las cosas más fundamentales.Y amistad, que también es súper importante.

Sin seguir un orden de preferencia, voy a decir qué ha sido lo mejor de mi 2013:

1.- Vivir nuevas experiencias.
Después de una adolescencia difícil, necesitaba hacer muchas de esas cosas que no pude hacer en su día. Necesitaba dejar de pensar tanto antes de actuar, reirme más y disfrutar de los momentos buenos de la vida. Alguna que otra fiestecilla, aprender a montar en bici, hacer tonterías por la calle de forma inesperada... Y si el 2014, en mayor o menor medida me lo permite, espero poder seguir haciéndolo.

2.-Más confianza en mí misma.
Aunque aún hay mucho trabajo por hacer, durante este año he empezado a sentirme mejor conmigo misma, a valorarme más y a confiar en lo que hago. Es una tarea que pienso seguir realizando. Me lo debo.

3.-Nuevas personas...
...que han llegado a mi vida, me han aportado muchísimas cosas buenas y momentos inolvidables. Eso es lo más importante de todo.

4.-...Y personas no tan nuevas que se fueron.
Incluso a los que se fueron y de alguna manera me hicieron daño no les guardo ningún rencor. También ellos me dejaron recuerdos muy bonitos que siempre voy a guardar en mi memoria.

 5.- Este blog.
Aunque lo abrí en 2011, este blog me ha permitido este año conocer a cinco personitas muy especiales en Granada. Ni que decir tiene que ha sido una de las mejores experiencias del 2013, y que espero que se repita cuando sea posible porque me lo pasé genial. Y volé. Y me hicieron volar.

6.-  Entrar en la vida adulta.
Pues eso, empezar a hacer cosas "de mayores". Viajar sola, conseguir un trabajillo para pagarme mis gastos, gestionar mis propios asuntos, no darles a mis padres tantas explicaciones de lo que hago o dejo de hacer... Ir más a mi aire.

Qué me gustaría cambiar de mí en el próximo año...

  • Ser más positiva
  • Dejarme llevar más
  • No ahogarme en un vaso de agua
  • Ser menos tímida y conocer a más gente
  • Tener más confianza en mí
  • Ser más fuerte ante las situaciones difíciles.
Y espero poner todo mi empeño para poder cumplirlas.

Para este 2014 tengo un gran deseo que, por desgracia, ya no se va a poder cumplir de ninguna manera. Así que sólo le pido SALUD, tener muy cerquita a las personas a las que quiero, y, sobre todas las cosas, que estén bien y sean felices.




Un beso enorme, y gracias por seguir ahí un año más.

¡¡¡Feliz Año Nuevo, hermosos míos!!! Y tooooda la felicidad de este mundo.

Mar


domingo, 29 de diciembre de 2013

Liebster Award ~

Hola a todos, hermosos y hermosas. ¿Qué tal la Navidad y el empacho de turrón y polvorones? jajaja

Nuevamente he sido nominada a un test o meme por parte de las amigas hortalizas, Pimiento y Tomate, que sigo manteniendo que están como una regadera, y una que es una mandada se dispone a hacerlo. Esto es como en las medicinas, hay que leer primero el prospecto:


1. Nombrar, agradecer y seguir al blog que te nominó. (Hecho, aunque se lo agradeceré más cuando reconozcan que hacen trampas a las cartas ¬¬)
2. Responder a las once preguntas que te han planteado.
3. Nominar a 11 blogs con menos de 100 seguidores y dárselo a conocer.
4. Plantear 11 nuevas preguntas. (Esto último me da un poco de palo, y como la verdad es que sigo a poquitos blogs de menos de 100 seguidores que aún no hayan sido nominados, diré las palabras mágicas: que lo haga quien quiera :) ).



1. Si tuvieras que cambiarle el nombre a tu blog, ¿cuál le pondrías?
Puuues... este blog iba a tener un nombre cursi rematado en sus inicios. Se iba a llamar "Las estrellas que no quisieron ser fugaces". Me pareció y me sigue pareciendo demasiado largo, así que me quedaría con mis "Canciones de Madrugada". Pero si le tuviera que cambiar el nombre, seguramente sería algo como "Mirando al Mar". Muy original todo.

2. Conoces a tu pareja ideal, te enamoras y el sentimiento es mutuo, pero de pronto un día te dice que en su opinión todos los que escriben blogs son unos gilipollas, ¿qué haces?
Pues seguiría escribiendo. Por más que le quiera, tengo claro lo que tengo que hacer y lo que no... al fin y al cabo, mientras dé su opinión y no me imponga nada, no hay problema. Pero eso sí, no le hablaría más de mi blog.
3. Entre no volver a escribir en un blog nunca o no volver a tener sexo oral nunca, ¿qué elegirías?
Chicos de Blogger, ha sido un placer conoceros. Taluego.

Jajajajaja qué mala idea tienen Pimiento y Tomate con estas preguntitas...

4. A partir del mes que viene la única forma de escribir un blog es pagar una mensualidad, ¿cuánto es el máximo que estarías dispuesto a pagar?.
Yo lo de pagar lo llevo muy mal, pero mal, mal. Les mando unas rosquillas a los de Blogger, y si cuela, cuela. Y si no... :P

5. Aparece un nuevo comentarista en tu blog, parece muy majo y educado, pero acaba todos sus comentarios diciendo "Viva España, viva el rey, viva el orden y la ley", ¿qué haces?.
"Sople aquí, haga usted el favor".

6. Si tu blog empezase a hablarte, ¿irías al psiquiatra o lo aceptarías como un amigo más?.
Jajajaja ¡pero si soy yo la que habla con el blog! "Querido blog nosequé". "Querido blog nosecuanto". Es como tener un amigo imaginario, sólo que lo haces público.

...

¡Soltadme, soltadmeeee! ¡Noo, la camisa de fuerza nooo!


7. Se planta en tu casa un inspector de hacienda y te pregunta si tienes un blog, ¿le dices la verdad o lo niegas para quitarte de líos?.
¿Mandeeeee? ¿Eso del blog qué eh lo que eh?


8. Descubres que tu bloguero favorito es en realidad Ana Botella, ¿qué haces?.
¿Por qué, señor, por quéeee? Bueno, teniendo en cuenta que estudio Filología Inglesa (así, como dato gratuito), le daría unas clasecillas particulares, que falta le hacen, no es por nada.

9. ¿Si te pagasen 20.000 euros te tatuarías el símbolo de Blogger en el cuello?.
¿Aónde hay que firmar?


10. De pronto un día se te aparece la Virgen María, te mira fijamente, te dice "Tu blog es una mierda, colega" y desaparece sin más, ¿qué haces?.
¿Virgen María? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué lees mi blog? ¿Por qué siempre apareces sobre una nubecita de humo? ¿Qué mensaje intentas transmitirme? ¿Conoces algún alien en persona? ¿Eh? ¿Eh?

11. Crees que en la blogsfera hay demasiados blogs que hablan sobre...
De todo tiene que haber, y yo tan contenta, porque la libertad de expresión es algo que tengo muy arraigado. Me mola eso de poder hablar de lo que quieras en tu propio blog.


Bueno hermosos, ahora yo debería ser una mujer aplicada y de provecho y escribir unas 11 pregunticas, pero qué queréis que os diga, me da una pereza que me muero. Me estoy volviendo una irresponsable de la vida. Pensad que lo importante no es la pregunta, es la respuesta dada a tiempo. Ahí lo dejo. (Cómo me gusta escurrir el bulto así, sin más).

Un besazo enorme, a seguir procastinando y zampando como si no hubiera mañana.

Y pensad que mientras vosotros le quitáis el polvo a los apuntes amontonados sobre el escritorio hay un niño chino que sale en Youtube que hace el cubo de Rubik en medio minuto.

Mar


martes, 24 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad 2013!

A veces la vida nos plantea dificultades mucho más grandes de lo que creemos que seremos capaces de soportar. Este año, en mi casa, no hay cuento de Navidad. No hay adornos, ni ambiente festivo, porque uno de los nuestros tiene que luchar contra el gigante de la enfermedad, y esta vez de forma más violenta y decisiva que ninguna otra.

Sin embargo, siempre intento mantener firme mi voluntad de salir adelante, de hacer frente a la adversidad con una sonrisa. Y si tienes apoyos, esa voluntad se multiplica y se torna en tu fuerza y tus ganas de continuar. Pese a los momentos de tristeza y abatimiento, trato de levantar el telón cada día y seguir ensayando, una y otra vez.





Pero no es mi deseo que este mensaje de Navidad sea triste ni pesimista. Quiero desearos de todo corazón que paséis unas muy Felices Fiestas en compañía de vuestros seres queridos, que estos días os sirvan para desconectar, para disfrutar de la compañia de los que más queréis y para volver con fuerzas renovadas. A los estudiantes, ánimo, que entre apuntes y mazapanes nos las hemos de ver estos días. A los que preparan las cenas y comidas, tened también vuestros momentos de relax, que os merecéis descansar del trabajo en la cocina. A los que siempre ponéis el punto de humor en las reuniones familiares, tal y como mi tío lo hacía, que sepáis que sois el alma de la velada. A los que estáis solos, ánimo, porque vendrán tiempos mejores, cargados de esperanza y nuevas ilusiones. Y a todos los demás, como decía 'Mecano', marineros, soldados, solteros, casados... que tengáis una muy Feliz Navidad, y que nunca dejéis de soñar.

Un beso enorme y un gran abrazo.


Mar

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sólo ella nos salvará




Querido y muy admirado Maestro:

He estado pensando mucho en lo que usted me contó la última vez que hablamos. Eso de inventar historias y plasmarlas sobre el papel a día de hoy se me antoja demasiado difícil. Sin embargo, cada vez que abro un libro siento una poderosa atracción que me encoge toda por dentro, y me entran unas ganas irrefrenables de agarrar la pluma y plasmarlo todo sobre el papel. ¿Sabe? Ya he escrito varios diarios. En ellos dejé constancia de mis idas y venidas de adolescente alocada y enamoradiza. Poco queda ya de esa jovencita insulsa e inexperta que soñaba con lugares desconocidos y reinventaba aquellas grandes historias de amor, pero la sensación que siento al escribir es exactamente la misma. Percibo la escritura como un ejercicio terapéutico, algo que me salva de la realidad. ¿Le ha ocurrido esto alguna vez?

Discúlpe mi franqueza y mi actitud vehemente y desenfadada, pero ando bastante perturbada desde que terminé de leer el libro que me prestó la última vez que nos vimos. 
Reciba un cordial saludo de su  humilde y leal alumna.

                                                                                               Anna. 

 Mi muy apreciada Anna,
Lamento tener que comunicarle que ha sido usted secuestrada por la magia inexplicable y fulgurante de la lectura. Le ha sido inyectado el veneno de la escritura, que todo lo puede, ¡y todo lo cura! Si quiere un consejo, nunca deje de escribir. No importa qué difíciles estén las cosas en su vida, quién la traicionó o cuantas experiencias desagradables la estén atenazando. Simplemente, siéntese, respire hondo y déjese llevar. Es curioso que perciba la escritura como un ejercicio terapéutico desde tan temprana edad, pero no puedo por menos que darle la razón. No podría ser de otra manera en mis circunstancias.
Amiga mía, no pierda esa mezcla de coraje, ilusión y excitación que la llevó a devorar las páginas de un libro por primera vez. Y hablando de libros, no se apure por devolverme mi último ejemplar. Puede venir a visitarme al hospital siempre que lo desee.

Tengo que dejarla; creo que la enfermera no tardará en llegar con mis medicinas.
Adelante, compañera.
                                                                                                          P. F. Brooks


lunes, 9 de diciembre de 2013

Oda a la esperanza




Entre el fuego y la memoria, 
entre la vivencia y la historia,
alzo mis plegarias al cielo
y elevo mis súplicas ante tus ojos,
confinando mis silencios al abismo
y sentenciando al miedo a no ser.

Vencedores y vencidos,
ruinas y arquetipos,
se alzan presumiblemente ante mi.

Misterio y victoria,
polvo y cenizas,
agua y tinta,
son mi pequeño legado.

Honor y gloria,
batallas y desafíos,
armas y escudos
enterrados en el pasado.

Que sólo el amor nos salve,
reinventando mil historias,
inyectando vida en la sangre
y sanando los corazones.

¡Larga vida a la vida libre y dichosa!



sábado, 30 de noviembre de 2013

Si no tuviera miedo



Vivir intensamente, expresar mis sentimientos sin temor a que me neutralicen y me reduzcan a nada... 
Liberarme, disfrutar, sentir sin temor a dejar de sentir. 
Llorar en público, y decirle a la gente a la que quiero que la quiero, porque no me costaría hacerlo ni pensaría continuamente que tal vez un día no estarán a mi lado porque la vida es así. 
Escribiría todos los días, porque no me asustaría el folio en blanco ni la torpeza de los primeros versos. 
Me atrevería a romper con todo, a mirar de frente, a divertirme, a ser yo misma. 
Dejaría de lado esta capa de debilidad que me envuelve toda y secaría esas lágrimas que a veces no me dejan ver bien la luz. 
El miedo no sería miedo, serían alas renovadas para volar. Ya no existirían los malos recuerdos, ni bajaría la cabeza ante aquellos que me hicieron daño. Tampoco rehuiría sus miradas; las enfrentaría con aplomo.
La confianza sería mi bien más preciado, porque no temería dársela a aquellos que la merecen... Se la daría sin pensar que tal vez pudieran decepcionarme.
Pintaría, ayudaría a los demás, haría teatro, viajaría a muchos lugares desconocidos... haría todas esas cosas que he dejado relegadas a un segundo puesto y que por falta de oportunidades y de valor no he llegado a hacer.
Si no tuviera miedo no me pondría triste al pensar en la soledad, ni me callaría ante quienes me hieren con palabras dañinas y puñaladas enmascaradas de traición.
Si el miedo no me paralizara... te diría que te quiero mucho más de lo que imaginas.


A veces, demasiadas veces, tengo miedo, me paralizo, me hago cada vez más pequeña... y, nuevamente, tengo miedo de tener miedo, de no poseer esa fortaleza que antaño me ponía en pie y me enfrentaba a las dificultades de la vida. 

El miedo es humano... pero no es bueno. Si fuera un pájaro libre, si no pesaran tanto mis cadenas, volaría tan alto que ni las nubes, ni el sol, ni las estrellas podrían verme. Y desde allá en lo alto, alejada de los temores, el fuego no quemaría tanto y el hielo no me enfriaría tantísimo estas obedientes manos con las que escribo, amo y peleo en este artificio de sueños y tempestades al que solemos llamar vida. 



Suerte que mi corazón todavía está caliente y cada latido vence cualquier amenaza de retirada.



lunes, 25 de noviembre de 2013

Tu cuerpo es sólo tuyo


Esta tarde no he ido al gimnasio. No sé, es lunes, estoy cansada, y no me apetece. He decidido quedarme en casa. Hasta ahí, todo bien. ¿Cuál es el problema entonces? El abominable, detestable y absurdo sentimiento de culpabilidad que he sentido al sentarme frente al ordenador. El mismo que, confieso, he llegado a experimentar al comerme un dulce después de comer cuando he sentido que me apetecía, por ejemplo. En ese preciso momento, vuelvo a la realidad y caigo en la cuenta de que nos están manipulando con eso del excesivo culto al cuerpo, me siento idiota por ser una oveja más del redil. Y entonces, comienzo a sentirme culpable de sentirme culpable. 


Es alarmante que esto aparezca en una página web para adolescentes



Ríanse de mis neuras, pero el asunto es más grave de lo que parece. Sí, todos hemos leído miles de críticas en la prensa y en diversos blogs en los que se reivindica la naturalidad y el rechazo a los desproporcionadas medidas que la publicidad pretende ajustar en nuestros cuerpos, pero no es para menos. Y lo más gracioso es que muchas de esas revistas que llenan sus páginas con consejos del tipo "quiérete a ti misma y lleva una alimentación sana y equilibrada" son las primeras que utilizan a modelos esqueléticas para lucir las últimas novedades de la temporada otoño-invierno. Y si es de la temporada primavera-verano, échense las manos a la cabeza ante ese catálogo ilusorio y desproporcionado de fémures a punto de rasgar la piel y caderas huesudas cubiertas por minúsculas prendas de baño. Como si las gordas no se las pudieran poner, oigan. Y digo eso de gordas como lo más natural del mundo. Gorda no es un insulto, no. Al igual que flaco o delgado tampoco lo es. Pero parece que todavía tendremos que ver unos cuantos capítulos más de Barrio Sésamo y aprender la lección. Si a uno le dicen que está gordo, tira a la basura todas las reservas de chocolate de la alacena y se deprime. Si te dicen que estás delgadita, entonces te animas y te da un subidón que te comes el mundo. Bueno, no te lo comes... no vaya a ser que engordes. Pero eso sí, en ningún caso abres un libro para que lo que crezca sea tu imaginación y tu capacidad creativa.




Conductas y situaciones como estas nos llevan a mirarnos al espejo y aborrecer la celulitis como si del mismo demonio se tratara, a cubrir nuestras caderas con pareos los primeros días de playa y a no atrevernos a ponernos pantalones algo más ajustados, o una falda un poco más corta. Nos sale un pequeño michelín, y ya estamos apuntando los puerros y las latas de piña en la lista de la compra. Engullimos pechuga de pollo estoicamente para no acumular calorías, y si alguien nos ofrece un pastelito de cualquiercosadulceconchocolateextremadamentedeliciosa, lo rechazamos como si de ello dependiera que se salvara la humanidad. 

Pues que le den a la dieta, a los cánones de belleza y a su santísima madre. Yo cuido mi alimentación y voy al gimnasio, pero no porque quiera adelgazar hasta límites insospechados, sino porque me gusta cuidarme e intentar llevar una vida lo más saludable posible. No me lo tomo como una imposición, ni como una obligación. Si me ofrecen un dulce para animarme la tarde, pues no le voy a decir que no. Caso contrario sería si tuviera que hacerlo por recomendación médica, por ejemplo. Ahí si que tendría que preocuparme. Pero mientras pueda permitírmelo ocasionalmente, ¿por qué no disfrutarlo? 


Demasiadas copias de un mismo modelo

Estará muy buena para algunos/as,
pero no representa a las mujeres reales


Creo que hace poco lo dijo Naar, que para mí es lo parecido a la sabiduría de una hermana mayor que tengo, en su blog. Y poco después lo hizo otra chica, no recuerdo quién. No puedo estar más de acuerdo con ambas, pero yo también quería aportar mi granito de arena desde aquí, porque ya basta de engaños. Son horribles esas revistas como Cuore y similares en las que se critica hasta decir basta cualquier defecto que exista en el cuerpo de la famosa de turno (y de las menos famosas, aquí pillan todas). Es más, amplían la foto hasta que casi puedas contar sus lunares, y señalan la zona afectada por celulitis o cualquier otro "defecto" con un fluorescente, llamativo y vistosísimo AAAARG. Eso digo yo, señoras mías. AAAARG, de ver qué clase de contenido venden en su revistas, y de qué manera tan despreciable le están lavando el cerebro a la gente. Confieso que más de una vez he ojeado este tipo de prensa en su hábitat natural, la peluquería, por el tedio de la espera, y no he podido acabar más harta e indignada.


Sin palabras

Todos tenemos defectos, aquí no se salva nadie. Pero yo intento no meterme tanto con mi celulitis, ni con mis michelines, ni con mis caderas, ni con mi poco pecho, porque son míos. Más bonitos o más feos, pero míos. Al fin y al cabo, el cuerpo sólo es un estuche, pero ya que lo tenemos, es importante cuidarlo -que no asfixiarlo con acelgas y sesiones maratonianas de spinning- para sentirnos mejor con nosotros mismos. Nada de apuntarse a la moda de las piernas separadas, el odioso thigh gap, ni de deprimirnos cada vez que la modelo de Calzedonia aparece en bragas y sujetador tras haberse sobreexpuesto al Photoshop durante horas. Tu cuerpo es tuyo, y sólo tienes uno. Y ya que solo es uno, intenta quererlo y llevarte mejor con él. Lo digo yo, que clamo al cielo cada vez que un nuevo grano intenta salir a la luz... pero es que lo mío con el acné es otro capítulo aparte, para qué nos vamos a engañar.

Creo que está todo dicho, y que en general la mayoría comparte mi opinión... pero luego son pocos los que la llevan a la práctica. Sé que es difícil deshacerse de esa propaganda mediática que día a día taladra en nuestras metes "tienes que ser perfecto", pero es una lucha personal que todos deberíamos llevar a cabo para sentirnos mejor con nosotros mismos.


Hermosos, que sois todos unos hermosos.





martes, 19 de noviembre de 2013

La amistad

La amistad es algo que atraviesa el alma,es un sentimiento que no se te va. 

                         Las cosas que vives, Laura Pausini



La verdad es que hablo más bien poco por aquí de mi vida personal. No sé, no me inspira confianza eso de que todo lo que me pasa esté publicado en la red, al alcance de cualquiera. Por eso, cuando necesito contar algo que no se puede contar, lo escribo "en clave" o hago una historia, poema o similares que ejemplifiquen como me siento.

Pero hoy va a ser diferente. Hoy voy a ser un poco más explícita. Realmente no creo que a nadie le interese especialmente lo que me pase o me deje de pasar, pero creo que siempre es bueno hablar de tus experiencias personales por si puedes ayudar a alguien que se encuentre en una situación similar a la tuya.

De lo que quiero hablar es de la amistad. Bien. Yo nunca he tenido lo que se dice suerte con eso de los amigos. Siempre que he creído encontrar a lo que se suele llamar un "mejor amigo/a", finalmente me ha dado la espalda. Y así, uno detrás de otro. Me han ido traicionando, sin darme explicaciones. Otros se han ido sin más, sin un motivo exacto. Quizás por la distancia que supone el paso de los años, o vete tú a saber por qué. Lo que sí es cierto es que cuando yo considero a alguien mi AMIGO, así, con mayúsculas, me entrego en cuerpo y alma a esa persona. No lo puedo evitar, soy así. Le ofrezco mi tiempo si necesita que le escuche, le ofrezco apoyo si le falta, estoy ahí siempre que me necesite y le abro las puertas de mi casa. Puedo tener miiiiiles de defectos, pero como amiga (y aunque esté muy feo que lo diga yo misma) no se me pueden poner muchas pegas. Cometo errores, como todo el mundo. Soy humana. Pero lo que quiero decir es que lo doy todo, todo, por una amistad. Y muchas veces... no recibo casi nada.


Obviamente, cuando uno actúa con buenas intenciones y de forma desinteresada, da sin esperar algo a cambio. Pero es que yo sí que espero algo a cambio. Al menos eso que debería ser indispensable en cualquier relación (de amistad o de lo que sea) entre dos personas: respeto. Pero no siempre lo tienes. Puedes recibir desplantes, malas palabras, críticas... en fín, qué os voy a contar. Todos nos hemos sentido mal por culpa de un amigo que no era tal en algún momento de nuestras vidas.

Yo sé que soy más sensible que el osito de Mimosín bañado en miel, pero también tengo mi carácter. Lo mismo que lo doy todo cuando considero a una persona amiga mía, cuando esa persona me traiciona o me hace algún tipo de daño, tomo una decisión drástica. Y esa decisión consiste en cortar cualquier tipo de contacto con una persona. Sin gritos, ni peleas, ni malos rollos. Adiós, muy buenas. Ahí te quedas. La verdad es que después de varios años en los que he tenido que soportar situaciones que nadie debería soportar, he decidido que mientras que pueda evitar que una persona me haga sentir mal, lo voy a hacer. Es simple. Bueno, no es simple. Te rayas, y mucho. Al principio, te haces muchas preguntas. Te sientes mal, joder. Piensas que quizás eres tú la que tiene sus expectativas demasiado altas con respecto a la amistad, o que tal vez no estás considerando tus propios errores. O que quizás esa persona todavía merece la pena... Te aferras a algo que te haga sentir que todavía merece la pena seguir al lado de esa persona a la que un día llamaste "amigo". 

Y entonces, juegas a "la balanza". "La balanza" es un ejercicio que yo le recomendaría a todo aquel que tuviera que tomar una decisión. Si la balanza se inclina más por el lado negativo que por el positivo: hasta luego. Y si se equilibra, tómate un tiempo, y a ver qué pasa. 

Es una frase muy manida, pero es mejor estar solo que mal acompañado. De veras. Puedes tener tus momentos de soledad, de esos de autodestrucción en los que piensas "nadie me quiere, soy un ser humano despreciable (eso lo he robado de la peli de 'Enredados'), todos huyen de mí, bla, bla, bla..."

Pero entonces, párate a pensar, y mira a tu alrededor.

Observa a los que SÍ se quedaron a tu lado, a los que conocen lo peor de ti, a los que te han visto cabrearte, patalear, maldecir, contarles una y otra vez tus cosas, tener ataques de pavo, ponerte pesada y hasta borde, y han seguido a tu lado. Quizás son pocos, sí, pero ahí están. Y si te tienen que sonar los mocos (metafóricamente hablando, claro), te los suenan. Y se pueden cansar, como todo hijo de vecino, pero seguirán ahí. Esa gente es la que importa, y no los que se quedaron en el camino con excusas estúpidas. 

Nadie es perfecto, y todos podemos cometer errores con nuestros amigos, pero no tenemos por qué aguantar más de la cuenta. No tenemos que permitir que nadie nos haga sentir inferiores, ni que nos digan que somos idiotas simplemente por hacer algo que a ellos no les parece bien. Y si son ellos los que se marchan, pues, aunque en un principio duela... "a enemigo que huye, puente de plata". Si no les has dado motivos para irse, no tienes que arrepentirte de nada. Ya vendrán otros que sí sabrán valorarte.

A los amigos virtuales del blog y de otros lugares de la red, tengo que daos las gracias por mandarme siempre un mensajito para saber cómo estoy, a pesar de que por circunstancias de la vida os tenga abandonados durante ciertos periodos de tiempo. Os cuento mis movidas, me aconsejáis, me hacéis reir, y aunque esteis "mu lejos", os llevo en el corazón. Bueno, ahí no, que siempre está inquieto por algo. Os llevo en el alma. 

Un beso enorme.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Alétheia y Onídride


Hace tiempo que no escribo, pero hoy, por fin, la inspiración me ha visitado. Espero que os guste esta pequeña historia con tintes de leyenda que se me acaba de ocurrir y que me digáis que os ha parecido. Vuestra opinión es muy importante para que pueda mejorar. ¡Un beso!

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Alétheia y Onídride eran las guardianas de la esfinge de cristal del Palacio de Mármara. Hijas del mismo padre y de madres distintas, fueron recluidas desde pequeñas en este palacio para recibir una esmerada educación a cargo de Allegra, consejera real del reino de Amphibos, que las instruyó en artes como la esgrima y la literatura, les narró leyendas de reinos desaparecidos y fomentó su curiosidad por las ciencias ocultas.

Alethéia y Onídride eran las únicas que podían custodiar la esfinge, a la que se le atribuían propiedades mágicas. La pieza fue robada en varias ocasiones por alquimistas y hechiceros de las tierras más remotas que habían viajado a Amphibos únicamente para hacerse con ella, pues muchos aseguraban que tenía la capacidad de hacer inmortal a quien la poseyera. El sabio Érathon, valiente guerrero y padre de las dos guardianas, puso a sus hijas al servicio del rey de Amphibos para que ambas, que desde niñas habían demostrado poseer innatas capacidades sobrehumanas, protegieran a la esfinge sagrada que aseguraría la paz y la prosperidad en el reino. Así, pues a la edad de doce años, fueron llevadas ante Allegra para iniciar su labor. 

Onídride

Ambas eran hermosas e inteligentes, pero profundamente diferentes entre sí. Mientras que Alétheia poseía una larga cabellera rubia y unos cristalinos ojos verdes, el pelo de su hermana vestía tintes azabaches y sus ojos eran negros como la noche. Alétheia destacaba por tener un corazón noble y voluntarioso, mientras que Onídride era más osada y ambiciosa. Al cumplir los dieciséis años, Allegra sintió que su labor como institutriz había concluido, y se retiró del Palacio de Mármara, quedando solas en aquel lugar las dos hermanas, ya que no les estaba permitido traspasar las fronteras de su residencia ni tener contacto alguno con el exterior.

Pasaron los meses, y tras ellos los años, uno detrás de otro. Mientras que Alétheia se dedicaba con resignación al cuidado y culto de la esfinge con veneración y practicaba diariamente sus ejercicios espirituales, Onídride parecía haber enloquecido. Pálida y ojerosa, deambulaba por el palacio y en ocasiones se dejaba caer sobre el marmóreo suelo, hastiada y triste. No entendía por qué su padre las había entregado a un destino tan cruel, alejado de cualquier placer o disfrute mundano. Poco después, el cristal de la esfinge comenzó a oscurecerse.

-Se avecinan tiempos difíciles- sentenció Alétheia. -Hermana, necesito de tu ayuda para proteger al reino. Desde que no te dedicas al culto de la esfinge la sombra de la guerra ha comenzado a cernirse sobre Amphibos, y mis fuerzas son insuficientes para hacer frente al mal que nos acecha. 
-Poco me importa la paz, la suerte o ventura del reino. Tan sólo quiero abandonar esta prisión de piedra y ser libre.-respondió con pesar Onídride.

Alétheia no permanecía impasible ante la tristeza de su hermana, pero sabía que el bienestar del reino estaba por encima del suyo propio. Tal era la misión que les había sido encomendada, y habrían de cumplirla. 


Alétheia

Una noche, Onídride terminó por enloquecer completamente. La luna estaba en cuarto creciente, y el viento soplaba con fuerza, tanto, que llegó a romper algunas de las vidrieras de la estancia donde se hallaba la esfinge, sobre un pedestal brocado. En el preciso instante en el que se oyó el impacto del cristal contra el suelo, Onídride sintió a su corazón latir más deprisa y un misterioso impulso se activó dentro de ella. Le había sido negada una vida normal, la oportunidad de ser una joven libre, de conocer territorios más allá de Amphibos e incluso llegar a enamorarse algún día. No eran mayores sus ambiciones, dadas sus circunstancias de reclusión y abandono. Fue por ello que, cegada por su deseo de escapar, acudió a toda prisa a la estancia de la esfinge armada con una ballesta y la hizo añicos. La pieza no era demasiado grande ni tampoco pesada, por lo que no le resultó muy difícil.

Al percibir el estruendo, Alétheia corrió a toda prisa hacia el salón de las vidrieras, pero ya era demasiado tarde. Onídride yacía sin vida sobre un lecho de cristales brillantes, pero sin rastro alguno de sangre. Había roto su promesa de cuidar la esfinge por encima de su vida, y debía pagar por ello, condenando a su vez a su hermana, Alétheia, que se desplomó junto a ella pocos segundos después.

Antes de exhalar el último suspiro, Alétheia tomó la fría mano de su hermana y ambas se transmutaron en una estrella de jade que durante muchos siglos permaneció en el interior del palacio.

Tras lo ocurrido, Érathon peregrinó sin descanso hasta llegar al Palacio de Mármara, sintiéndose culpable y arrepentido por haber entregado a sus hijas a tan fatal destino. Allí permaneció durante el resto de sus días, solo y triste como Onídride un día lo fue, resignado al cuidado de la estrella de jade como Alétheia lo estuviera con la esfinge.

Nadie sabe si murió de tristeza o por el inexorable paso de los años. Lo que sí es cierto es que las noches en que la luna está en su cuarto creciente, de entre todas las estrellas del firmamento, una de ellas, verde como el jade y los ojos de Alétheia, brilla con especial intensidad sobre el Mármara, guiando el sendero de las almas perdidas y alimentando el corazón noble de quienes se vieron obligados a tener una vida totalmente alejada de sus deseos y convicciones para darles aliento y protección en sus noches de soledad y desesperanza.

Y brilló por siempre 



domingo, 27 de octubre de 2013

La actriz



A veces sólo necesitas un respiro. Frenar ese torbellino imparable que es el día a día, y pararte a pensar.

¿Qué quiero? ¿Qué es lo que quiero yo ahora mismo?

No es una pregunta fácil en absoluto. Es engañosa, tremendamente engañosa. Porque tendemos a confundir lo que queremos con lo que nos conformamos, y se trata de conceptos muy diferentes. 

La vida avanza, y avanza, y sigue su curso. Y no te espera. No te pregunta si quieres ir más de prisa, o más despacio. A la vida no le puedes preguntar "¿cuánto falta?", como cuando ibas en el asiento delantero del coche camino al pueblo de tus padres. La vida hace y deshace, pone pruebas y las quita, pero no tiene en cuenta tu opinión. Simplemente sigue su curso, con sus inconvenientes y maravillas. A la vida no le importa si eres más fuerte o más débil, sólo se limita a hacer su único trabajo: proyectar ante tus ojos una película de variable duración en la que tú decides qué papel (o papeles) vas a interpretar.

A pesar de ser joven, a mí ya me han tocado algunos de los papeles más difíciles, pero eso fue hace tiempo. Ahora tengo un papel diferente, no tan conflictivo, pero duro de representar. Es el papel de mujer paciente, que aguanta estoicamente el día a día sin rechistar. Yo no lo sabía, pero el día que firmé este contrato, también acepté estar de acuerdo con el hecho de que no podría quejarme si una situación me desagradaba. Mi papel consistía en ver, oír  y callar. Y aguantar, aguantar muchísimo. Claro, cuando llegaba por las noches a casa, cansada, fatigada del duro día de ensayo, desmotivada por el comportamiento de algunos de mis compañeros de reparto, no veía el momento de cambiar el guion. Así que me puse en contacto con la directora.

La actriz, cansada de su papel, reflexiona en su camerino

-Me gusta el teatro y soy feliz con algunos compañeros de reparto que me tratan bien, pero no me gusta este papel. Estoy cansada de aguantar demasiadas cosas que me están haciendo daño. ¿Por qué me elegiste para esto? ¡Sabes perfectamente que estoy cansada de papeles dramáticos!

Y entonces, la directora, que no es otra que la vida que me ha tocado vivir (todos tenemos una y debemos sentirnos afortunados por ello) me dio una oportunidad. Me dijo que podía hacer ciertas modificaciones en el papel actual, pero no cambiarlo, porque era el que me había asignado ahora, y por algo sería. Así que decidí cambiar algunas cosas, hacer cambios decisivos para que este papel no termine por consumirme. Mi personaje ya no tendrá que aguantar más de la cuenta, ni callarse ante las situaciones en las que la ataquen. Mi personaje ahora es más libre, más seguro de sí mismo y más entero. Claro que tendrá que seguir enfrentándose a escenas muy complicadas, pero... también eso estaba en el contrato. 

Cuando realmente me siento a gusto con mi trabajo es cada noche, cuando repaso el guion del día siguiente y me preparo para representarlo de la mejor manera posible. Sólo cuando sueño, cuando cuelgo la ropa de vestuario y me entrego a mis pasiones, la actriz da paso a la mujer que se desnuda lejos de los focos y pisa con paso firme.


martes, 22 de octubre de 2013

Carta a mi universidad

Querida UAL:

Me quitas las ganas de seguir aprendiendo, de crecer como estudiante, pero no lo conseguirás. Me agobias diariamente con tu extenuante hedor de cloaca proveniente de tus baños, con tus plagas diarias de moscas y tus colas interminables en la biblioteca para acceder a un portátil. Me cansan los discursos matutinos de tus profesores, lentos y aburridos en su mayoría. Detesto el corporativismo que se huele por tus pasillos, el desdén con el que se mira al estudiante que no camina por el sendero de “lo correcto” y la apatía con la que invitas a todo aquel que lucha por superarse a retirarse.

Preocupada por la situación en la que se encuentra la educación en mi país, empecé a colaborar en el Consejo de Estudiantes para intentar ayudar en lo que fuera necesario. Sin embargo, la estupidez y la desidia de muchos de tus estudiantes, que prefieren dormir en sus camas y permanecer impasibles ante la oscura realidad que tenemos que vivir antes que hacer algo por solucionarlo, me hicieron dudar. Me pesa que no recompenses al estudiante trabajador, y que desoigas las quejas de todo aquel que te reclama cuando algo está mal, cuando es víctima de una injusticia.

Yo no te pago por examinarme, te pago por aprender. Te pago por recibir unos servicios, una atención y una calidad en la enseñanza que no estoy recibiendo. Y, pese a todo, año tras año sigues vaciando mis bolsillos, habida cuenta de tu ignorancia.

Luce esa magnífica fuente recién construida en mitad de tu campus con el dinero que se debería haber empleado en contratar más profesorado, más medios de enseñanza, más material educativo. Sigue presumiendo de ser Campus de Excelencia Agroalimentario. Continúa asignándote medallas, logros vanos. Sigue haciéndonos vivir en una mentira. La realidad es que poco te importa el esfuerzo de tus estudiantes. No hay calidad en tus aulas, ni te responsabilizas de todos aquellos que han de ser expulsados por no poder cumplir con los pagos. Supondrás que eso no es asunto tuyo, pero te equivocas. Todo aquel que está matriculado en tus aulas es de tu competencia, y debes responsabilizarte de él. El alumno que se enfrenta al Defensor Universitario lo hace movido por la injusticia, por ser víctima de la dejadez y la burla de muchos.


No eres la Universidad en la que quiero estudiar, ni proporcionas la educación que deseo ni para mí ni para mis hijos. Sin embargo, eres la única opción que tengo ahora mismo para intentar formarme, para crecer como estudiante. Tan sólo ocúpate de sentar las bases académicas. De los valores y los principios, claro está, ya me ocuparé yo. Siempre he querido superarme, como persona y como estudiante, y puedes estar segura de que tu incompetencia no me paralizará.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Busco un sueño

-Busco un sueño -sentenció el joven al entrar en la sala de objetos perdidos. La encargada, una señora de mediana edad, con un pañuelo al cuello y unas gafas que luchaban por no resbalarse de su puntiaguda nariz le miraba con incredulidad. 
-¿Cómo dices? 
-¿No es esta la oficina de objetos perdidos? Mi nombre es Marc, soy estudiante y estoy buscando mi sueño. Creo que se me ha perdido. 
-Muchacho, hay mucho lío por aquí. Te sugiero que te vayas a molestar a otra parte- La encargada se dio media vuelta e hizo ademán de ordenar varias carpetas-. 
-Señora, le estoy hablando de algo importante para mí. Yo tenía un sueño... de hecho, ¿quién podría no tenerlo? Un sueño de esos que se construyen solos, desde que somos niños, y que nos acompañan durante el resto de nuestras vidas hasta que, finalmente, logramos alcanzarlos. Sin embargo, yo no estoy muy seguro de saber cuál es el mío. Yo no soñaba con ser médico, ni astronauta, ni bombero. Tan sólo escribía, tanto que en ocasiones no era capaz de diferenciar la realidad de mis propios cuentos. 
-Chico, no tengo tiempo para atender tu... reclamo. Verás, es muy interesante tu historia. Realmente conmovedora, sí. Pero me parece que te has equivocado de lugar. En esta oficina se atienden las demandas de objetos perdidos: bicicletas, monederos, ordenadores, agendas... Aquí han ido a parar los objetos más extravagantes que puedas llegar a imaginar. Incluso un día se acercó un caballero preguntando por una iguana que, al parecer, se había perdido en una estación de trenes. Imagínate. Pero nunca, jamás, en los veinticinco años que llevo trabajando en este lugar, ha aparecido nadie reclamando un sueño. Y ahora, si me disculpas, tengo mucho trabajo que hacer.

El joven comenzó a deambular entre las cajas repletas de libros y DVDs con gesto atribulado. Aquella señora tan arisca no había sido capaz de entenderle. Y, al fin y al cabo, ¿quién podría ser capaz de hacerlo? Marc no era un chico corriente. Era capaz de ver más allá, de analizar con sumo detalle cada situación, con los ojos de quien se sabe vencedor antes que vencido. Pero le faltaba un sueño, sólo uno. ¿Viajar, investigar, pintar...? ¿Qué debía hacer? Tampoco la escritura había logrado satisfacerle en los últimos tiempos. A duras penas era capaz de garabatear una cuartilla, y en las pocas ocasiones en las que el bolígrafo lograba escribir -como guiado por los dioses- alguna palabra, ésta era tachada ante la expresión impotente del chico. No, no era suficiente. Debía escribir algo realmente bueno, y no se sentía capaz de hacerlo. Entonces, ¿qué debía hacer? ¿A quién podía recurrir? 

-Veo que sigues por aquí -anunció la encargada a modo de amargo saludo tras volver del almacén. Marc estaba sentado sobre algunas de las cajas, ojeando libros polvorientos que, quién sabe, habrían pertenecido a infinidad de entregados lectores. Ella, conmovida por su ingenuidad juvenil, decidió sentarse a su lado. Se sacudió la falda, suspiró, y le miró. 
-Creo que será mejor que me vaya de una vez- dijo Marc, esbozando una tímida sonrisa. 
-No es tarea fácil ser un soñador en este mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento para los luchadores, muchacho. Cuando eres joven, crees tener la fortaleza suficiente para enfrentar cualquier reto. Y, de hecho, la tienes. Como bien has dicho, algunos saben desde pequeños qué quieren hacer con sus vidas, y otros tantos, como tú, aún no lo han decidido y navegan en un mar de dudas. Lo veo en tus ojos, llenos de incertidumbre. -Marc miró hacia el suelo, aturdido- Sé que de nada servirá que te diga que tienes toda la vida por delante para descubrir qué es lo que realmente quieres hacer, porque muy probablemente la impaciencia te esté consumiendo. De otro modo, no estarías aquí, acogiéndote a la vana respuesta de una simple funcionaria de la oficina de objetos perdidos. Sin embargo, te daré un consejo, un buen consejo. 
-¿Un consejo?  
-Eso es. Creo que podría ayudarte. 
-La escucho. 
-Bien. Creo que poco te interesarán las aventuras y experiencias de juventud de esta vieja que refunfuña más que habla. Pero créeme si te digo que yo sí tenía un sueño.  
-¿Cómo consiguió encontrarlo? -Marc le miraba con expresión de sorpresa. 
-No lo encontré. Él me encontró a mí, y desde entonces no ha dejado de acompañarme. Yo quería ser escritora. Me encantaba leer y podía pasar horas y horas tratando de escribir poemas, relatos... Cuando me has dicho que escribías, has despertado un sentimiento que creía adormecido. Escribía con pasión, con entrega. Me dejaba la piel en cada escrito... pero eran otros tiempos, tiempos difíciles para una mujer que, además, debía casarse y formar una familia. Y mi sueño de escritora se rompió en pedazos, como tantas y tantas cuartillas que acabaron en la basura.

El joven la miraba impertérrito. No habría podido imaginar que aquella señora que fruncía el ceño con tanta frecuencia cobijara el alma ambiciosa y libre de un escritor.

-Lo que quiero decirte con todo esto es que un sueño, una vocación, no es algo que se elija. Se trata de aquellas cosas que realmente nos hacen felices, aquellas que hacemos sin pensar, como dibujar, ayudar a los demás o preparar un pastel. Y sabemos que realmente nos pertenecen cuando las hacemos nuestras, sin importar lo que nadie pueda decirnos al respecto. Para una actriz no resulta vergonzoso desnudarse en el escenario, como tampoco será indecoroso para el artista dibujar su cuerpo desnudo. Tampoco el escritor se avergonzará de sus historias de ensoñación y melancolía, porque cree en ellas. Él las ha creado, son producto de sus desvelos y de su imaginación, ¿entiendes? 
-Entonces... ¿soy yo el que debe decidir cuál es mi sueño? 
-Exactamente. Dices que te gusta escribir, que disfrutas con ello. Pues bien, sigue adelante y defiende tu habilidad siempre que puedas. Cree en ti y en tu trabajo, o nadie más lo hará. Muchas veces te frenará el papel en blanco y la incredulidad de muchos, pero eres tú el que deberá continuar, el que debería ser fiel a su obra. 
-Señora, no tiene ni idea de lo que acaba de hacer. Acaba de salvarme. 
-Eres demasiado joven como para dejarte vencer por el desánimo y la desidia que impera en nuestros días. Ya tienes tu sueño. Ahora, defiéndelo, y escribe todos los días, siquiera unas palabras. Y puede que, algún día, dentro de muchos años, uno de tus libros figure en el registro de esta oficina por el olvido de un lector atolondrado.

Marc le dio las gracias a la encargada, se puso en pie y se marchó, lleno de ilusiones y proyectos. Adela le contemplaba, satisfecha, desde el mostrador.

-Si tan solo... si tan solo me hubieran dejado escribir unas líneas...-murmuró silenciosamente a la par que una lágrima huidiza se escapaba de su ojo y se deslizaba  lentamente por su huesuda mejilla.
               

jueves, 10 de octubre de 2013

Cazamariposas


¿Por qué?
¿Por qué, por qué, por qué?
¿Por qué no puedo escribir nada?
¿Porque la inspiración ya no me llama...?
Me niego a perderla de vista por más tiempo. La necesito como el respirar. Pero ella, caprichosa, vuela, vuela como una mariposa y me deja en el suelo, patidifusa, contemplando su vuelo turbulento hasta que se convierte en un punto a lo lejos.
¡Vuelve!
Ten por seguro que te atraparé... o quizás lo harás tú antes de que yo siquiera lo intente. Aquí te espero. Demuéstrame que escribir merece la pena, que puedo dedicarme a ello. Demuéstrame que mi pluma no se ha quedado seca y que mis folios no se han amarilleado. Llévame a lugares recónditos, a parajes inolvidables, a historias de amor, lucha y condena. Derrama sobre mi tu tinta de colores. 

Préstame tus alas, guía mi mano, compañera del alma, mi fiel compañera.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Vueltas, y vueltas, y más vueltas


A veces me gustaría ser como una de esas personas simples que no se cuestionan absolutamente nada. Dejaría de darle miles de vueltas a la cabeza, no me inquietaría nada que pudiera perturbar mi vida lo más mínimo, y sería feliz siguiendo una cierta rutina. Y ya está, no habría más. Sin embargo, soy extremadamente complicada. Yo no le doy vueltas a las cosas, no. Las enmaraño de tal manera que muchas veces creo que soy yo misma la que empeora las situaciones. A mí no me sirve eso del "hakuna matata", el dichoso "Carpe Diem" ni ningún otro dicho popular que se suela comentar cuando una persona esté preocupada por algo. Parece que si no le doy trescientas mil vueltas a una cosa no me quedo tranquila; es como si me faltara algo.

Vueltas, vueltas y más vueltas. 

"Ese amigo ha pasado por mi lado y no me ha saludado, ¿estará enfadado conmigo?"
"Hoy esta compañera me ha mirado de forma extraña, ¿le caeré mal?" 
"Tengo diecinueve años y no he encontrado aún mi verdadera vocación. ¿Estaré perdiendo el tiempo con lo que estoy haciendo ahora mismo?" 
"Esta persona, que tan importante es para mí, parece angustiada o preocupada. ¿Será por mi culpa? ¿Se aburrirá conmigo? ¿No le doy todo lo que le podría dar?" 

¿¡Qué acabas de decir?!


Y así, hasta seguir con un largo etcétera. Quizás me preocupo demasiado por lo que piensen los demás de mi, pero es algo que no puedo evitar. Quisiera ser más sencilla, no debatir interiormente todas aquellas cuestiones que no dejan de ser cosas sencillas, asuntos simples, que no merecen tanta atención... Pero no puedo. Nací aprensiva, y creo que así seguiré. Todo lo cuestiono, todo lo meto en esa especie de "batidora" que tengo en mi cabeza, que adereza cualquier asunto con alguna que otra inseguridad, resultando una mezcla que en raras ocasiones es capaz de devolverme la tranquilidad y alejarme de los problemas. 

He intentado cambiar muchas veces, pero siempre ha sido inútil. Tal vez deba aceptar que soy así, que está en mi naturaleza temerosa  e insegura hacerme miles de preguntas sobre las cosas más simples. A pesar de todo, he notado que en los últimos tiempos la seguridad en mí misma ha aumentado, pero no tanto como me hubiese gustado. Inconformista de mi... Basta, Mar. Dale al stop por un momento. Por favor.

Querida Rapunzel, ¡no sabes cómo te entiendo!




jueves, 26 de septiembre de 2013

"La Catedral del Mar", de Ildefonso Falcones

Este verano me he leído "La Catedral del Mar", uno de los libros que más me han interesado en mucho tiempo. La verdad es que nunca había leído nada por el estilo, pero su lectura me sorprendió muy gratamente. Se puede decir que me cautivó desde el primer momento, cosa que por alguna extraña razón no suele ocurrirme últimamente con los libros que leo.

Los gustos en cuanto a géneros literarios son muy personales, pero yo recomiendo este libro a todos aquellos a los que les guste la historia, pues el contexto en el que se enmarca es la Barcelona del siglo XIV. Además, esta novela cosechó un gran éxito poco después de ser publicada, y aunque suelo huir de los best-sellers porque no me inspiran demasiada confianza, debo decir que este me ha gustado bastante.



He aquí cinco buenas razones para leerlo:

1.- La historia se desarrolla en la ciudad de Barcelona, en el siglo XIV. Narra la historia de superación y lucha de Arnau, hijo de un campesino que habrá de superar toda clase de obstáculos por convertirse en un hombre libre y liberarse del yugo de los poderosos.

2.- El libro contiene varias citas que realmente merecen la pena, pues invitan a la reflexión. Ésta es una de ellas, por poner un ejemplo de las muchas que hay.

3.- Las descripciones de los personajes están muy bien hechas, pues el autor, Ildefonso Falcones, describe minuciosamente desde la vestimenta de los campesinos hasta el increíble esfuerzo que habrán de hacer los bastaix por cargar las piedras de la iglesia de Santa María de la Mar.

4.- Aun cuando las empresas bélicas no son el eje principal de la trama, hacen acto de presencia en varias ocasiones, enriqueciendo el argumento con datos históricos de gran interés.

5.- El libro refleja el pensamiento humano de la época de forma realista. Los poderosos, frívolos y despiadados, someterán sin reparos al pueblo llano, más humilde pero aferrado a sus ideales, que defenderán a toda costa. Los hay nobles y sinceros, pero también astutos e hipócritas. Incluso puede que aquellos que en un principio parecían bondadosos y caritativos se dejarán llevar por las más bajas pasiones.


En definitiva, este libro me ha gustado mucho, no sólo por su argumento principal, complementado con numerosos tintes históricos, sino también por incluir tramas de amor, odio, superación y venganza. Merece la pena leerlo.

Mi valoración personal: 8


Hasta pronto :)

Un besazo


domingo, 15 de septiembre de 2013

"Me gusta"

Sí, lo confieso. Yo era una de esas muchas personas que compartían casi a diario frases filosóficas de amor, amistad, familia y superación personal en mi muro de Facebook. De hecho, aún sigo suscrita a varias páginas que publican diariamente este tipo de contenidos sobre los que yo suelo pulsar el botón de "me gusta". Y ciertamente me gustan, claro que sí. Me encantan las citas célebres, las reflexiones, las frases motivadoras que exaltan el valor de la vida y nos animan a mejorar nuestra situación. Pero creo que no estamos actuando en consonancia a las enseñanzas de estas frases. 



"Tu vida es un regalo, disfrútala", "Nada mejor que los momentos compartidos con nuestros seres queridos", "Vive el presente y no dejes que tu pasado influya en tus decisiones", "Aprende a vivir tu vida con ilusión y serenidad"... Estos son sólo algunos de los ejemplos de las muchas citas que pululan por Facebook, algunas de ellas pertenecientes a personalidades de renombre internacional, sabios y pensadores de gran prestigio. Otras, se nutren de estas corrientes de pensamiento que nos legaron y constituyen la versión resumida, más fácil y accesible para el lector contemporáneo, que apenas tiene tiempo de sentarse a leer mientras toma un café y reflexiona.



¿Por qué proliferan precisamente ahora todas estas reflexiones por la red? En primer lugar, porque vivimos demasiado rápido. Tenemos demasiadas ocupaciones: familia, casa, estudios, amigos, viajes, proyectos interminables, deportes, aficiones... Vivimos pendientes de demasiadas cuestiones que nos alejan de una vida más sencilla, dedicada al disfrute de nosotros mismos y de las cosas que nos hacen felices. Por eso, necesitamos recordar continuamente que la felicidad reside en las cosas pequeñas, que no por irnos de vacaciones de las Islas Seychelles vamos a alcanzar el Nirvana, y que ese iPhone que tanto anhelamos no será digno de recordar al hacer balance de nuestra vida. En este ambiente de crisis, caótico y deprimente, necesitamos citas inspiradoras que nos recuerden que debemos sonreír, respetar al vecino, tomarnos los problemas con más serenidad y dedicar al menos diez minutos diarios a relajarnos. Esclavos de las máquinas, necesitamos también que se nos recuerde que existe una naturaleza inexplorada por el hombre urbanita que apenas visitamos, y que pasamos muy pocas horas al día con nuestros seres queridos. Se nos insta a recuperar el tiempo perdido, a hacer nuevos proyectos, a amar la vida, a superar el pasado, en definitiva, a ser mejores personas.



Personalmente, no puedo estar más de acuerdo con el mensaje que transmiten estas frases y citas. Sin embargo, creo que en demasiadas ocasiones le damos a "me gusta" olvidando lo más importante: es necesario ponerlas en práctica. Al darle a "me gusta", no significa que acabes de preguntarle a tu madre cómo le ha ido en el trabajo, ni que le hayas dedicado media hora de juego a tu hijo, ni que hayas dejado de lado el ordenador para descansar y pensar en tus cosas. "Me gusta" no es la afirmación de tus principios, es sólo la revelación de que crees en algo que no te atreves a materializar por cobardía, por dejadez o por indiferencia. Se trata, pues, de una filosofía demasiado optimista, que sitúa al individuo en la cúspide de la pirámide, a la cabeza del mundo. Se exalta nuestra condición de seres inteligentes, dotados de libertad para vivir nuestra vida, pero se suele olvidar esa dosis de realismo, pues lo que se pretende es escapar de la realidad a toda costa.





Como en todo, siempre hay excepciones. Hay personas que sí se atreven a poner en práctica esas frases que suelen compartir en Facebook, pero no son mayoría. Debo reconocer que quizás yo me incluya en ese amplio margen de personas que en ocasiones  no se atreven a dar el gran paso. Además, creo que hoy en día se tiene demasiada conciencia del "Carpe Diem". Soy una firme defensora de que hay que vivir el presente; es algo con lo que estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, muchas veces actuamos con demasiada libertad, como si ese presente no fuera a comprometer nuestro futuro. Porque, recordemos, todos tenemos un pasado y un presente... y esperemos que también un futuro. Muchas veces justificamos acciones infantiles y fuera de lugar con ese "Carpe Diem", como si los tiempos venideros no importaran en absoluto. "-Pasado mañana tienes examen, ¿vas a salir de fiesta?" "-¡Carpe Diem!". Carpe Diem, sí, pero asume que probablemente no vas a aprobar. Es bueno dejarse llevar, pero creo que la verdadera esencia de ese "Carpe Diem" no es vivir el presente haciendo lo que te dé la gana, sino apreciar el momento presente, asumiendo tu pasado y sin pensar excesivamente en el futuro, pero siendo consecuente con él.

Y tras todo lo que acabo de decir, espero predicar con el ejemplo y aplicar todas estas cuestiones a mi propia vida. Seguiré dándole a "me gusta" en Facebook, compartiendo alguna que otra cita de las que más me gusten y reflexionando gracias a ellas... pero a partir de ahora, voy a intentar que cobren su verdadero sentido al ponerlas en práctica. La filosofía moderna es un arma de doble filo. 



viernes, 13 de septiembre de 2013

Recuerdos del cole

Hace ya unos días que septiembre entró de nuevo en nuestras vidas, para tristeza de muchos y alegría de no tantos. Pero qué queréis que os diga, a mí me gusta este mes. Me gusta saber que todo va volviendo a la normalidad, que comienza a refrescar por las tardes (para suplicio de mi pobre garganta, eso sí) y que las tiendas se llenan de material escolar. Claro que se echan de menos las tardes en la playa, el calor estival, las siestas de dos horas y el bullicio de las noches de verano, pero cada época tiene su encanto.

Septiembre me trae muchísimos recuerdos, y entre todos ellos, quizás los más valiosos y entrañables sean los de la vuelta al cole. Yo iba a un colegio concertado muy pequeñito que está cerquísima de mi casa. Tan cerca, que estos días lo primero que oigo al despertar es el jaleo de los niños que salen al recreo. Es un colegio de monjas, pero no solo ellas dan clase; también lo hacen profesoras que no lo son. No es el típico colegio de monjas en el que se imparte una disciplina muuuuy estricta, para nada... Pero eso sí, las profesoras eran exigentes y puntillosas como pocas. Los trabajos habían de ser entregados perfectamente limpios y ordenados, sin tachones ni faltas de ortografía. Si no cumplían alguno de estos requisitos, habrían de repetirse las veces que fuera necesario. En aquel entonces yo no era de las mejores estudiantes y estas normas me crispaban los nervios, pero al entrar en el instituto agradecí que me hubieran enseñado a trabajar con esfuerzo, y a día de hoy intento seguir haciéndolo.

Recuerdo que el uniforme estaba compuesto por una falda de paño azul marino que picaba como un demonio, un polo blanco, una rebeca o jersey también azul marino y leotardos y zapatos a juego. Bueno, quien dice leotardos dice calcetines blancos. De hecho, yo era la única de la clase que llevaba calcetines largos en lugar de medias en pleno invierno, porque no soportaba el picor que me producían en las piernas. El uniforme de verano, más práctico, estaba formado por un pantalón corto azul marino, una camiseta blanca y tenis. Eso sí, el de invierno era horrorosamente feo: verde aguamarina, blanco y azul marino. Feo, pero feo con ganas.

Las clases eran amplias y luminosas, pero éramos una media de veinticinco alumnos por curso. El patio estaba enlosado en mármol, y no quiero ni recordar la de accidentes que se produjeron en él: caídas, tropezones, fracturas de huesos, brechas en la frente... Aquello era un verdadero hospital cuando tocaba hacer Educación Física. También había una fuente en la que nos dedicábamos a rellenar nuestros globos de agua en verano, y unas escaleras en las que nos sentábamos a repasar la lección si había examen después del recreo. Bueno, quien dice repasar la lección, dice bajarse el libro al patio y ponerse a hablar con todo el mundo. Cuando se acababa el recreo, las profesoras daban varias palmadas y teníamos que formar una fila para volver a clase. A veces este proceso nos llevaba más de quince minutos, y había días en los que a más de uno le costaba un buen castigo salirse de la formación.

Había que hacer la oración todos los días antes de comenzar la clase. La oración consistía en leer una historia sobre la amistad, la familia, el compañerismo y cosas así, y a continuación una Salve y un Padrenuestro. Ah, y también un ruego por alguna situación catastrófica que estuviera ocurriendo en el mundo, tipo terremoto, guerra, etc. La verdad es que esta parte no nos gustaba demasiado, sobre todo porque eso de tener que leer delante de la clase tan temprano era un verdadero suplicio. 

También había un coro al que teníamos que asistir a ensayar durante los recreos. Sí, sí, durante los recreos. A nadie le hacía gracia perderse el rato de descanso cantando canciones religiosas y soportando los gritos de Sor Emilia, pero no había más remedio que hacerlo. Cuando llegaba el día de la "actuación" (o sea, la misa), se la oía más a ella que a nosotros, porque ella cantaba delante de un micrófono y nosotros, pues no. Eso sí, después nos daba un Chupa-Chups, una bolsa de chuches o algún otro invento por el estilo para comprar nuestro silencio y asegurar nuestra fidelidad. Muy lista, ella.

En aquella época, yo iba a tres actividades extraescolares: catequesis, danza española e inglés. Debo decir que a día de hoy no tengo muy definidas mis creencias religiosas y no me llevo precisamente bien con las sevillanas, pero estoy estudiando Filología Inglesa. De algo le tenía que servir a mi madre el pastón que invirtió en las clases de la academia, digo yo.

Sin lugar a dudas, el mejor recuerdo que tengo del colegio está relacionado con mis amigos de entonces. Las mañanas de recreo, los juegos, los piques, las tonterías infantiles, las primeras salidas por la tarde, las bromas, las risas, los enfados, el descubrir, poco a poco, ese mundo adolescente que hasta entonces tan sólo habíamos vislumbrado. Tan solo mantengo el contacto con uno de mis amigos de entonces, al que le tengo un gran cariño. Del resto no sé gran cosa, pero igualmente espero que les vaya muy bien y que, como yo, también guarden buenos recuerdos del cole y de los buenos momentos que pasamos allí. Y por cierto, también me encantaba llegar de clase a las 5 de la tarde y merendar un bocadillo de Nocilla mientras veía Sakura :3


¿Cuál es vuestro mejor recuerdo de la época del colegio?


Un besazo