“En la oscuridad puedo colgar en las paredes de mi mente lienzos de colores, en la soledad puedo ver quién soy bajo la piel"
Beatriz y los cuerpos celestes
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miércoles, 12 de febrero de 2014

Julieta

Al primer amor.



Óyeme, Julieta.

Que nada sé ya de la tibieza de tu piel,
ni de la aspereza de tus labios.

Julieta misteriosa,
te perdiste entre mis años.
Por la playa medio divagas,
envuelta en recuerdos de ayer.

Te vieron por el puerto,
cabizbaja y mojada.
Niña torpe y desvalida,
si tropezaras,
¿quién te iría a recoger?

Julieta presurosa y tímida,
amor lejano y fantasioso,
eco de mi recuerdo tardío,
dulce maestra del querer.

No te pierdas por la ensenada,
que el helor hace mucho daño.
Mujer de paso firme y blanca tez...

¿Sabes, Julieta?

Anoche te vi en un sueño,
corriendo hacia la orilla,
gritándole a las gaviotas
todos los poemas
que no quisiste romper.

Y entonces,
desperté con tu voz cosida a la mía,
con la piel salada y reseca,
preso en las redes de tu cuerpo,
bañado en tu alma y tu ser.



miércoles, 8 de enero de 2014

Sumersión



Fue sólo un segundo. Sintió una extraña y amenazante presión que la impulsaba al fondo, y un cosquilleo interior la hizo estremecerse. De nuevo, sintió que la sangre se le helaba y el pulso comenzó a pausarse. Apenas podía mover la punta de los dedos con un gracioso tintineo que bregaba por devolverla a la vida.

Pero no podía nadar.

Sus cabellos bailaban en el agua, y su cuerpo se tornaba cada vez más níveo y pesado. Apenas quedaba rastro de color en su tez, y sus ojos permanecían cerrados. Y así, quieta y mecida por la ingravidez acuosa, de dejó llevar, sumergida en un mar de recuerdos. Inmóvil.

Y entonces, su corazón volvió a latir.

Divisó una luz en la superficie, y la figura de una joven mujer que acudía a rescatarla. Su reflejo mismo. Cara a cara con su alma. Comprendió que aún la vida corría por sus venas,  y que sus ojos aún no habrían de abandonarse a la oscuridad. Decidida, comenzó a despertar su cuerpo de su letargo, y con la convicción de que pronto se hallaría victoriosa, se impulsó a la superficie.

Llegó del mar, se reencontró con la vida y sonrió. 

¿Podría haber alguna acción más loable que la de haber vencido a sus demonios y alzarse victoriosa al nuevo día?